Guillermo Navarro Barba. El escultor del alma de “La Moni”
Hay artistas que no solo modelan el barro o el bronce, sino que también son capaces de esculpir la memoria de un pueblo.
Guillermo Navarro Barba, joven escultor onubense, es uno de esos talentos que deslumbran no solo por su técnica, sino por la sensibilidad que imprime en cada obra. Con tan solo 25 años, se ha consolidado como una de las grandes promesas del arte escultórico en Huelva, una tierra donde la tradición y la emoción caminan juntas.
Su último encargo, el monumento en homenaje a Antonio Herrera Abrio, “La Moni”, no es solo una escultura: es un gesto de amor a una figura inmortal del corazón popular de la ciudad.
A través de su mirada artística, Guillermo ha logrado capturar algo más que una imagen: ha atrapado un espíritu, una esencia, una historia colectiva. Y lo ha hecho con una madurez creativa que sorprende, emocionando a quienes ya han tenido el privilegio de contemplar la obra.
Desde su taller en la calle Rui-Vélez, entre bocetos, herramientas y silencios cargados de ideas, Guillermo forja cada día su camino.
Formado junto a maestros como Martín Lagares, Abraham Ceada o Alberto Germán, este joven escultor emerge como una voz nueva, comprometida y profundamente conectada con su tierra.
Hoy hablamos con Guillermo para conocer no solo al artista, sino también al joven que hay detrás del barro y el cincel. Porque esta historia no solo trata de escultura, sino de vocación, de memoria, de identidad… y de futuro.
En esta entrevista, nos sumergimos en su mundo, en sus raíces, su pasión por la escultura y su visión sobre el arte y su generación.

Bueno, ¿Quién es Guillermo al margen de un prometedor joven escultor?
Soy un chaval de Huelva, joven, al que le gusta salir a tomar cerveza… y la escultura. Así de sencillo.
¿Y de dónde nace ese amor por el arte?
Desde chico, aunque nadie en mi familia proviene del mundo artístico. Yo soy en ese sentido un poco ‘la oveja negra’. Pero lo llevaba dentro. Apuntaba maneras desde pequeño, hasta que di el paso y dije: esto es lo mío y entonces descubrí la escultura.
¿Hay algo de tu infancia que traslades a tus obras?
No directamente. Yo soy muy profesional trabajando. No me interesa que se vea el escultor detrás, quiero que se vea la escultura. Que la obra hable por sí misma.
Y al exponer, ¿te afecta el miedo al “qué dirán”?
No. No se puede vivir con ese miedo. Lo que hay que ser es profesional, pensarlo todo muy bien y dar lo mejor. Las críticas, incluso las malas, llegarán. Hasta al David de Miguel Ángel lo criticaron. Así que imagínate.
¿Hay alguna obra de la que te has ‘enamorado’ que no venderías nunca?
Sí. Justo la tengo aquí detrás. Es una representación de Caín y Abel. No sé por qué, pero no la vendo. Es mi favorita. Le tengo mucho cariño y me tendrían que ofrecer mucho dinero para dejarla ir.
¿Qué momentos han marcado tu trayectoria hasta hoy?
Desde niño ya lo tenía dentro. Mi juguete favorito era la plastilina. Aunque estudiaba Bachillerato Tecnológico para ser arquitecto, un día tuve un pálpito y me dije: quiero dedicarme al arte.
Fue en la Escuela de Arte donde me dieron mi primera “pella” de barro, gracias a Alejandro Fedriani. Ahí empezó todo. Luego la universidad, trabajar con grandes maestros como Alberto Germán, al que he admirado siempre, he visto su obra del Litri siempre y hoy puedo decir que es maestro y amigo y cómo no, el encargo del Monumento a La Moni. Me caí de espaldas.
¿Qué escultores han influido en ti?
Sobre todo, onubenses con los que he trabajado: Alberto Germán, Abraham Ceada, Martín Lagares y nombres más históricos como Mariano Benlliure o Juan de Ávalos, Castillo Lastrucci. Aquí en Huelva también hay un talento que mucha gente aún no conoce.
Muchos dicen que la escultura debe estar en la calle. ¿Lo compartes?
Completamente. La escultura necesita un gran espacio, necesita cielo. Una galería encierra algo que nació para ser visto con libertad. No es vanidad, es conocer tu medio y buscar que se disfrute como se debe.

El escultor de La Moni
¿Cómo surgió el encargo del Monumento a La Moni?
Fue un poco atropellado, la verdad. Al poco de su fallecimiento, mi padre bromeando me dijo: “Guillermo, ten cuidado que igual hacen un monumento a ‘la Moni”. Semanas después, en las Colombinas, escucho a Andrés Lepe anunciarlo. Se me cayó la cerveza al suelo. Solaria, una drag queen de mi quinta, me cogió del brazo y dijo: “¡Vamos a hablar con él ahora mismo!”. Así empezó todo.
Hice el primer boceto, les encantó. Y tras un proceso interno, tuve la suerte enorme de que me eligieran.
Cuando se lo dije a mi padre me dijo tú no sabes la responsabilidad que tienes, tú no sabes quién es la Moni para Huelva.
¿Tú llegaste a conocer a La Moni?
No directamente. Yo la época de esplendor de la Moni no la he vivido. Yo he visto a la Moni cuando iba con mi madre a la plaza y me decía, mira, mira, ahí está la Moni. Yo he conocido más la leyenda de la Moni.
Pero al hacer el monumento, me empapé de su vida, vi películas, entrevistas y sobre todo, escuché a la gente.
Cada persona que pasaba por el estudio me contaba una anécdota. Nadie dijo nunca nada malo. Nadie. Y eso dice mucho.
¿Qué has querido reflejar en su monumento? ¿Qué te inspiró?
Su humanidad. Era una figura muy completa: folclórica, sí, pero también con un compromiso social muy fuerte. Folclórica por la noche y activista social por la mañana. He intentado unir su simpatía, su picardía, su compromiso… todo eso en un trozo de bronce. ¿cómo resumir una vida en un trozo de bronce? Ese ha sido el gran reto.
¿Y qué esperas que sienta la gente al ver el monumento?
Primero, que la reconozcan. Que digan “es ella”. Y después, que despierte curiosidad en las nuevas generaciones. Que pregunten: ¿esto qué es? Un señor con un sombrero, un abanico y una bata de cola. ¿Quién fue? ¿Por qué tiene un monumento?
Quiero que siga viva. Que inspire. Que se recuerde.
¿Qué crees que te diría La Moni al ver su monumento? ¿Y tú, qué le dirías a ella?
Me lo dijo Luchi de Huelva bromeando: “Si la Moni supiera que le ha esculpido un escultor tan mono…”
Yo creo que se emocionaría y se vería reflejado. Porque he intentado que el monumento resuma su vida, con respeto y con mucho cariño. Y yo, le daría las gracias. Porque incluso después de su muerte, sigue apoyando a los artistas. Gracias, Antonio por ser mi madrina.


Nueva generación de artistas en Huelva
¿Qué significa para ti ser un joven escultor en Huelva? ¿hay espacio en Huelva?
Significa tener que ‘partirse’ mucho la cara. Pero ahora es un buen momento. Está naciendo una generación nueva, con mucha calidad no solo para la escultura, sino para cualquier tipo de arte. Estamos viviendo un boom de artistas de mi generación. Espero que Huelva apoye la calidad de todos mis compañeros artistas.
¿Qué aporta esta nueva generación al arte onubense?
Innovación. Nos hemos quedado mucho tiempo en la estética del siglo XX. Esta generación ha salido, ha estudiado fuera, ha traído nuevos métodos, nuevos lenguajes. Yo soy de los más clásicos, pero me inspiran muchísimo.
¿A qué retos te enfrentas ahora? ¿Qué sueñas?
Mi reto es seguir. Como querer yo quiero hacer algo como la Estatua de la Libertad, bromea. Quiero escultura, escultura, escultura. Amo el proceso. Desde que te llega el encargo, hasta que investigas, bocetas, moldeas, fundes… Todo. Disfruto mi trabajo. Y quiero seguir así. ¿Tú sabes cuántas vueltas le he dado yo a la rotonda de la Moni antes de siquiera ponerme a hacer un boceto? El reto es terminar la escultura, ver cómo sale la fundición en bronce.
Y para terminar, ¿Cómo ves el futuro del arte en Huelva? ¿Y qué le dirías a un joven que siente la misma pasión que tú sentiste?
Le diría que tire hacia adelante. Que hay espacios, galerías, exposiciones aunque no es fácil. Hay que tener coraje, calidad, y un poco de ‘poca vergüenza’ también. Pero que es un momento muy bonito para empezar.




